Este apartamento es una prueba de que se puede vivir estupendamente en un espacio pequeño y, a priori, poco iluminado. Un bajo de 45 metros cuadrados, alargado y con sólo tres ventanas, ha logrado convertirse en un espacio fluido con dos dormitorios, un baño, un aseo, un salón-cocina y un comedor independiente. Y además, tiene mucho espacio para almacenaje.

La reforma es obra de la interiorista Montse Dosta, que optó por unificar espacios y aprovechar al máximo cada rincón y, sobre todo, cada rayo de luz.

En el salón lo fundamental son los muebles ligeros y de pequeñas dimensiones, y tonos claros en las paredes para reflejar la luz. Además del blanco, en una de las paredes nos soprenden con un llamativo amarillo huevo. Muy alegre.

En la cocina y en el comedor se juega con el blanco y con el negro. Los muebles de la cocina tienen un acabado de alto brillo que ayuda a ganar en luminosidad.

Y para almacenar de todo, armarios empotrados de suelo a techo hasta en las zonas de paso para no desperdiciar ni un centímetro.

Y en el baño todo está ajustado al máximo, porque el espacio es muy pequeño. Puertas correderas y un plato de ducha encajado entre tres paredes. ¿Hace falta más?

Visto en: MiCasa.