El estilo shabby chic, tiene un nombre tan evocador como sus orígenes: deberíamos remitirnos a las grandes casas de campo británicas donde sofás y cortinas de cretona (con estampados florales principalmente) quedaban desgastadas y descoloridas por el uso generación tras generación y los muebles acababan casi ocultos bajo manos y manos de pintura.

El objetivo de este estilo decorativo era en un principio contraponerse al  estilo pop victoriano, chillón y un poco kistch. Para el estilo shabby chic, son claves la restauración y reutilización de muebles antiguos, como así telas usadas, y lo que en los años ’80 del siglo XX fue una moda de artistas un poco bohemios, en los inicios de este XXI se considera un estilo femenino por excelencia y muy apropiado para personalidades urbanas con aspiraciones  de disfrutar del encanto del rústico sin rusticidad. Como vemos, un cúmulo de contradicciones, de espectaculares resultados estéticos.

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