No hay muchas estancias tan evocadoras y románticas como una buhardilla. En muchas casas unifamiliares, chalets y casonas antiguas existen estos espacios, y, cada vez más, las últimas plantas de algunos edificios tienen pisos completamente abuhardillados, al estilo de las buhardillas francesas tan de moda en los siglos XIX y XX.

También es cierto que su acondicionamiento requiere más previsión: las diferentes alturas de una buhardilla, pueden resultar peligrosas (por los golpes), no permitir que quepan los muebles en sus medidas estándar, o las dificultades para encontrar estores o persianas decorativas y no solo funcionales.

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