Este apartamento es una prueba de que se puede vivir estupendamente en un espacio pequeño y, a priori, poco iluminado. Un bajo de 45 metros cuadrados, alargado y con sólo tres ventanas, ha logrado convertirse en un espacio fluido con dos dormitorios, un baño, un aseo, un salón-cocina y un comedor independiente. Y además, tiene mucho espacio para almacenaje.

La reforma es obra de la interiorista Montse Dosta, que optó por unificar espacios y aprovechar al máximo cada rincón y, sobre todo, cada rayo de luz.

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