Cuando hemos de desenvolvernos en espacios reducidos, ganar privacidad puede suponer todo un reto porque no se trata solo de aislar un espacio, sino que los dos ambientes resultantes deben seguir siendo funcionales, y  no cegarse la luz uno a otro, deben seguir cumpliendo la función para la que se han pensado. Si, además, queremos que el resultado sea decorativo, debemos emplearnos a fondo. ¿Imposible? Por supuesto que no.

Para dividir espacios tenemos muchas opciones, desde los clásicos biombos o cortinas, hasta paneles transparentes, tipo japonés, puertas correderas en madera o cristal, cristales fijos, medios muros en pared o ladrillos acristalados; o la opción más sencilla: separar visualmente mediante los propios muebles.

Estanterías, mesas, cajoneras, un sofá de espaldas sobre el que podemos enfrentar un mueble de cajones, una mesita velador rectangular, un escritorio o, incluso, otro sofá son algunas de las opciones más fáciles y decorativas. Siempre dependerá de la iluminación natural, de los puntos de luz de los que dispongamos, de la necesidad de enchufes suplementarios (y el consiguiente riesgo de cruzar cables por una habitación). En ocasiones, si solo se quiere dividir el ambiente, una alfombra y unos sillones serán más que suficientes.

Estas soluciones decorativas son válidas, en realidad, no solo para apartamentos pequeños sino también en aquellas ocasiones en las que una habitación debe “crecer” por diversas necesidades. Debes buscar la solución que mejor se adapte al ambiente y no pensar solo en la privacidad sino en la comodidad y frecuencia de su uso, porque será al final lo que más repercutirá en que sientas esa solución como un éxito: la comodidad del uso y la armonía en la división de ese espacio.

Fuente: GapSofasChicDeco