Hasta hace muy poco tiempo, una pared de ladrillo, salvo que no hubiera otra posibilidad, se recubría para hacerla parecer una pared perfecta, lista para pintar o empapelar. Hoy en día, sin embargo, se han convertido en un ambiente deseado hasta el punto de que hay múltiples tipos de paneles que simulan las paredes de ladrillo visto.

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Si tu pared es realmente de ladrillo, deberás hacer una limpieza profunda, y puedes aplicar capaz de barnices especiales que hacen que los ladrillos no se llenen de polvo, haciendo insalubre el aire de tu hogar. No obstante, deberás ser muy rigurosa con una limpieza periódica porque las superficies irregulares acumulan más polvo que las lisas.

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Por lo demás, no necesitan mucho mantenimiento. Ademas, tienes la ventaja de que si el ladrillo no está en muy buen estado o sus colores o apariencia son excesivamente irregulares o disparejos, puedes pintarlos de cualquier color, añadiendo un toque más de modernidad a la estancia.

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Otra de las grandes ventajas de las paredes de ladrillo está en lo fácilmente que se adaptan a todas las habitaciones y a los estilos más variados. Los industriales  quedan reforzados y encuentran calidez. Los vintage adquieren un aire rústico que los hace irresistibles.  Se adaptan como un guante a cualesquiera otros estilos.

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La elegancia, calidez y naturalidad que puede aportar una pared de ladrillos es una apuesta segura en la decoración de cualquier habitación de tu hogar y ¡recuerda! Si no los tienes… ya no es problema porque las paredes de ladrillos sintéticos son fáciles de encontrar y montar.

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Fuente: DigsDigs, CasaOriginal, BlogImagen